lunes, 9 de febrero de 2015

Quiero.

Quiero sentirme viva o tener motivos para morir. Sonreír o que mis llantos cobren sentido, dejar de sentir que los sentimientos no son recíprocos, que el agua resbale por mi espalda y me estremezca o que ésta quede insensible por siempre, que tus labios y los mios se atraigan como polos opuestos o que las ganas desaparezcan con el llanto de ayer, que mis pensamientos se ordenen a la par que mis libros, dejar de querer, sentirme querida, que pienses en mi o dejar de importarte, que el frío me queme, que tu calor me hiele, dejar de sentirme desnuda al expresar lo que siento, desnudar tus palabras a cada momento, que seas la causa del rubor en mis mejillas, dejar de sonrojarme por tonterías, que la inspiración me ilumine, que la luz me inspire, iluminar la inspiración y dejar de divagar por el mundo de la imaginación.
Quiero saber lo que quiero.
Te quiero.

Carencia.

Me siento vacía y algo no encaja. Quizá el nudo en mi garganta es el llanto de mi alma, quizá mi sonrisa demuestra agonía, quizá la culpa atormenta mi sueño, quizá este sentimiento al entendimiento escapa. Quizá no sea vacío sino nada, o angustia, o tristeza, o algo jamás sentido.
Quizá solo sea carencia. ¿Pero carencia de que? No es amor, no es amistad, no es afecto, no es nada. Solo carencia.
¿Carencia de sentido?¿De inspiración?¿De dolor? Quizá solo carencia.
¿Carencia de dolor?¿Acaso eso existe?¿Si hay carencia amorosa porque no de dolor?¿Pero no es la agonía similar al dolor? El nudo en mi garganta agobia, pero no es dolor, no es odio, no es nada salvo agonía. Solo impide que hable, que piense, que sienta, que duela y que descubra mi carencia. Pero no duele, al fin y al cabo, es solo carencia.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Destino.

Estoy tumbada en lo que parece ser el suelo de una habitación, abro los ojos y a excepción de la tenue luz de una vela, todo está a oscuras. Percibo un olor extraño, aunque no desagradable, es como una mezcla del olor de la lluvia y el de la sangre.
Me levanto, cojo la vela e intento orientarme pero no recuerdo haber estado aquí antes, es más, no recuerdo siquiera como he llegado aquí.
-¿Hola?
No hay respuesta. Empiezo a andar alrededor y no se si es culpa de la luz pero parece ser que las paredes están teñidas de rojo.
Siento una corriente de aire a mi espalda, me dirijo hacia ella con cautela y oigo un murmullo que no consigo entender. Sigo andando, miro hacia delante y veo una escalera.
-¿¡Hola!? ¿Hay alguien ahí?- el murmuro no cesa pero sigo sin entender que dice.
Decido avanzar y cuando piso el primer escalón tengo una sensación extraña, ese escalón no tiene la misma consistencia que el suelo, mi pie empieza a hundirse en el como si este no quisiera que bajara, pero algo me llama, tengo que seguir bajando.
Llego al final de la escalera y me encuentro con una puerta. No es muy grande pero si muy extraña, es de color negro y el pomo es dorado y en forma de cuchillo. Me decido a abrir la puerta pero nada mas tocarlo, el llanto de un niño empieza a resonar por todas partes y aparece una inscripción en la puerta a la vez que el pomo cae al suelo "Si quieres entrar, al cuchillo debes alimentar". La leo en alto y el pomo se torna en un verdadero cuchillo.
Normalmente la cobardía me haría huir pero algo me dice que no acabaría bien si lo hago.
Cojo el cuchillo, me corto la palma de la mano y dejo que este se impregne con mi sangre. Poco a poco el rojo se vuelve dorado y cuando vuelve a su color original, vuelve también a la puerta haciendo que ésta se abra poco a poco.
Entro en la habitación y el llanto cesa. Una luz blanca ilumina todo el cuarto y en el hay decenas de estanterías con miles de libros sobre el destino, los astros, la vida y la muerte, en el centro hay una mesa de madera y una silla. El murmuro vuelve a empezar. Dirijo mi mirada a la esquina mas lejana de la habitación y allí entre libros me encuentro un hombre. Tiene la cara consumida por el miedo, los ojos inyectados en sangre y jo hace mas que repetir la misma frase una y otra vez con una voz que demuestra su locura.
+ No puedes cambiar el destino, no puedes cambiar el destino, no puedes...- me ve y se le dibuja una sonrisa en la cara.
-Hola- digo asustada- no quiero hacerte daño, no se como he llegado aquí.
+Ha funcionado- dice creyendo que no le escucho- Ahora puedo cambiar el destino.
Su cara de locura me asusta y el se da cuenta de ello así que intenta cambiarla y sonreír de forma tranquilizadora pero solo consigue asustarme cada vez más.
-¿El destino? ¿Para que quieres cambiarlo?
+Shhht, no puedo contártelo, si no el señor del destino no me dejará cambiarlo ¡Y tengo que hacerlo!- se exalta y cuando intenta calmarse veo como su cara empalidece.
-No entiendo nada. ¿Porque se supone que estoy aquí?
+¡Me desesperas, niñita! ¡Ya te lo he dicho! ¡Para cambiar mi destino!- La cara se le deforma cada vez más y su voz se torna cada vez mas inquietante.
-¿Y para que iba a querer yo cambiar tu destino, si ni siquiera te conozco?
+No quieres, pero lo harás de todas formas.
Saca un cuchillo y se dirige hacia mi. Su cara parece cada vez mas siniestra, como si envejeciera y se fuera cayendo a trozos.
-¿Donde vas con eso? ¡Para!
Se acerca cada vez más a mi, al mismo tiempo que voy retrocediendo hasta que me acorrala en una esquina. Intento zafarme de el y darle la vuelta a la situación pero me clava sus largas uñas en el brazo y empieza a rajarlo con el cuchillo. Hace un corte desde el hombro hacia la muñeca y la sangre comienza a esparcirse por el suelo y a impregnar el cuchillo. Lame la hoja del cuchillo y con un tono burlón pero igual de macabro dice.
+¿Quieres? Está muy rica.- Su cara rejuvenece por momentos y parece cada vez más humana.
Me mira directamente a los ojos y con una expresión un tanto inquietante dice:
+ Entiendelo, en el fondo eres buena chica pero era o tu o yo y tenía que cumplirse la profecía, a demás ni siquiera te conozco.- Sonríe como si lo hubiera dicho de forma sincera pero la carcajada que sigue delata que disfruta con esto.
Pone el cuchillo en mi cuello y su mano debajo haciendo fuerza y clavándome las uñas de nuevo para que no pueda moverme.
+ Esto te va a doler, preciosa.- Esa sonrisa me desquicia.
Clava la punta del cuchillo en el lateral de mi cuello y empieza a cortar en zig zag horizontal, no puedo reprimir los gritos pero cuanto mas chillo más sangre y mas dolor inundan mi cuerpo.
Lame el cuchillo de nuevo y después pasa na lengua lenta y cuidadosamente por toda la herida, las punzadas de dolor son tan intensas que no se como sigo consciente. Cada vez más su cuerpo, su cara y su voz vuelven a la normalidad. Me suelta en el suelo, me estoy desangrando y sigo teniendo el fantasma de su lengua en mi cuello, nadie va a ayudarme, no entiendo porque no me quedo inconsciente de una vez. Se da cuenta de que puedo escucharle y empieza a decir con una voz propia de un chico joven.
+La profecía dice que cada 80 años tengo que volver aquí y que por obra de un ser divino, alguien de corazón puro vendrá, solo tengo que degollarla y saborear su sangre y me otorgará otros 80 años de vida. Las primeras veces intentaba hacer el menor daño posible pero la profecía no funcionaba y tardaba otra semana mas en venir alguien de corazón puro. Me pasé varios años aquí dentro buscando una cura para la profecía, en todos y cada uno de los libros pero no hubo solución. La profecía también dice que una vez la encuentras no puedes librarte de ella pero tienes el poder de cambiar tu destino, de vivir más y poco a poco ese deseo te va consumiendo y aprendes a disfrutar de la muerte de las almas puras y con el tiempo no puedes vivir sin el sabor de la sangre. Me disculparía por tu muerte pero en realidad es más bien culpa tuya y de tu extraño corazón puro.
Es culpa mía. Quedo inconsciente y muero, pensando que incluso mi propia muerte, es culpa mía.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Recuerdos de otoño.

Llega el otoño y me haces falta. No me malinterpretes, no es que en verano no te quisiera conmigo, es simplemente que el otoño me recuerda a ti. Me recuerda a todas las tardes de peli y manta que no pudimos tener, a todos los besos bajo la lluvia que no pude darte, a todas las sonrisas que me perdí, a todos los abrazos que no pudiste darme y a todas las noches perdidas entre sabanas que nunca pudimos disfrutar.
También me recuerda a todos los "te quiero" que no pude decirte entre rayos y truenos, a todos los sueños que no pude cumplir a tu lado aunque lo deseara con todas mis fuerzas y a todos los días de tormenta en que me perdí sin ti.
El otoño es corto pero intenso al igual que lo fue nuestra historia. La única diferencia es que el otoño no perdura en el tiempo y estoy segura de que lo nuestro, de una forma u otra, durara para siempre.
Llega el otoño y me haces falta. No me malinterpretes, no es que en verano no te quisiera a mi lado -aunque en realidad nunca me gustaron los amores de verano- es solo que el otoño me recuerda a ti y a todo lo que quisimos tener y no tuvimos.

lunes, 22 de septiembre de 2014

Empecemos de nuevo.

Hay cosas que es mejor dejar que fluyan y hay cosas que es mejor dejarlas atrás. Partir sin girarte a recordar, sin prestar atención a que el mundo que hay detrás está hecho pedazos y mirar al frente donde te espera un parque cubierto de césped e infestado de rosas -eso si, cuidado con las espinas- deseando que pases allí tu tiempo prendada de su olor y de la seguridad que transmiten.
Pero si entras allí, cuidado, no pienses ni un momento que los recuerdos de la catástrofe y sus cenizas se irán de tu mente. Aunque bueno... Quizá no necesites que se vayan, mas necesitaras que se camuflen y que reaparezcan cuando pienses que el nuevo mundo esta a punto se estallar para ayudarte a recordar que puedes evitarlo.
Después de esto, si decides entrar, podrás abrir paso a nuevos comienzos que solaparan tus heridas que aunque no terminen de cicatrizar -recuerda, el dolor hay que sentirlo y debes recordar- estarán lo suficientemente sanas para que puedas ser feliz y sonará a tópico pero de los errores se aprende y probablemente no hagas otro mundo estallar.
Después de pensar y aceptar las condiciones, estoy segura, quiero entrar. ¿Y tu? ¿Que me dices? ¿Cuento contigo para volver a empezar?

viernes, 12 de septiembre de 2014

Soledad sin vida.


Encerrada entre las sombras
de mi soledad innata.
Agonizando entre cadenas
cada vez mas apretadas.

Gritando y a la vez callada,
entre luces y oscuridad.
Soltando palabras mudas,
mintiéndome con la verdad.

Buscando el problema
que la incita a morir.
Odiando esa vida
que no le hace sentir.

Una vida sin dueña
más allá de su latir.
Una vida que frena,
ya no puede seguir.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Sentir(te)

No puedo sentir tus labios acariciando los mios para fundirnos es un suave beso pero al menos sigo teniendo la capacidad de sentir... De sentir la música correteando sobre mis terminaciones nerviosas y recorriendo cada centímetro de mi piel como me gustaría que tus manos hicieran, haciéndome sentir viva por el simple hecho de poder reír o llorar como tantas otras veces eras tu quien lo hacía posible, inundándome de sentimientos que desconocía totalmente y transmitiéndome la misma paz y tranquilidad que tu me transmitiste el día que nos conocimos, arrastrándome a lugares en los que solo querría estar contigo y volviéndome loca tirada en la cama por tener la sensación de que estas aquí sujetando mi mano y escuchando la misma canción que yo. Aunque no es de música de lo que trata este escrito. Más bien de sentir. Sentirte.