lunes, 3 de julio de 2017

Venecia.

Esa sensación perenne de que
nunca seré suficiente.
Que por mucho que me esfuerce
acabaré cayendo siempre.

Que no hay dios
ni ente que me salve,
que me acune y me susurre
que nunca más estaré en jaque.

Que perder ya es costumbre
y no soporto la duda y la incertidumbre.
Que vivir a oscuras ya no es vida
y no encuentro a quién me alumbre.

Que viví en Venecia
y rompí mi góndola de un suspiro.
Que me ahogué
en un amor no correspondido.

Querido Julio.

Querido Julio.

Sí, lo sé, llego tarde. Sé que acordamos que te escribiría todos lo días desde el 1, pero ya me conoces, ¿Desde cuándo soy yo constante y cumplo con fechas y límites? Está claro que no voy a ponerte excusas, ya sabes todo lo que está pasando, pero mírame, aquí estoy, parece que al final no te he fallado, como tantas otras veces.

He estado semanas pensando en que podría contarte, en todo lo que ha cambiado y en las vueltas que ha dado mi vida en tan solo un año, pero que iba a decirte que no sepas.

Sinceramente Julio, creo que solo hay una cosa que quede en el tintero y es darte las gracias. Gracias por dejarme salir del infierno que fue Junio y darme alegrías que no me esperaba. Gracias por darme esperanza y días de lluvia. Por hacerme ver que tengo a quien acudir cuando mi barco va a la deriva y no hay forma de hacerlo volver. Por traer a Agosto de la mano y con el a una de las personas más maravillosas que he conocido. Por demostrarme una vez más que los días grises pueden ser los más felices si los pasas con la gente adecuada y por enseñarme quien es esa gente.

Mira, quizá si pueda contarte algo al fin y al cabo.

Julio, este año ha sido el peor hasta ahora sin ninguna duda, pero ¿Sabes que? Ha merecido la pena.
No porque me haya hecho más fuerte, ni porque me haya demostrado que por muchas veces que vuelvan mis demonios voy a poder sobreponerme a ellos. Nada de eso. Ha merecido la pena por ellos. Por haber conocido a dos nuevos guardianes, que para mi sorpresa, en nada de tiempo han conseguido que deje en sus manos quizá lo más preciado que puedo poseer. Quizá con el paso del tiempo todo esto se conviertan en recuerdos, pero puedo asegurarte que serán los más intensos.

Querido Julio, no voy a prometerte nada, pero no descarto volverte a escribir.








* Idea vista en el canal de Sr Agramonte: https://www.youtube.com/watch?v=FDzfGykfPqE
*Idea original de Emily Diana Ruth: https://www.youtube.com/watch?v=OdA_ymySH28&list=PLB-25rlZzWcME0QDxxSI171zesC97tgYG

martes, 23 de mayo de 2017

De nadie.

Mía. Tuya, Nuestra y de Nadie.
Como aquella tarde.
Como la libertad.
Como la vida y la poesía.

Fugaz.
Como la sensación de bienestar.
Como el dolor.
el olor, el sabor, el saber,
el amor.

Veloz.
Como aprender
a correr
a nadar
a perder.
a perderte.

Calmado.
Como tu voz,
mis labios,
los años,
nosotros.




Definiciones.

Calma y fuerza son, para mí, las palabras que mejor te definen.
Podría decirse que tu esencia es como el impacto de las olas contra el acantilado cuando deciden terminar con su vida, atronador pero apacible al mismo tiempo.
Como las noches de tormenta en que no solo llueve fuera de casa pero que al final, son solo eso, noches de tormenta que se tornan arcoiris cuando el sol vuelve a brillar.
Podría definirte de muchas formas, pero ninguna de ellas podría reflejar la realidad. Porque no entiendes de palabras, no entras en el canon, no eres lógica ni impulso, ni agua, ni fuego, ni tierra, ni aire. Eres etéreo y eterno a partes iguales.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Feminismo.

Las ansias de libertad hicieron acto de presencia.
Las acompañaban la sororidad y la paciencia.
Desapareció el miedo, la intolerancia.
Apareció la desobediencia.

La constancia y dedicación
darán fin a la opresión
y unirán a las hermanas de la nación
En nombre del respeto y la educación

No callarán los gritos de las que quedamos
Pues representamos a las que nos arrebataron
A las que no pudieron vivir el cambio
Y a las que sin duda llegaran alto.

lunes, 27 de febrero de 2017

Un año.

Ha pasado un año desde que aquel frío día de febrero dio un giro de 180º a mi vida sin siquiera darme tiempo a oponer resistencia. Un año, desde que empecé a echar de menos los “te quiero” y en el que, aunque tarde, me he dado cuenta de lo mucho que significaban para mí.

No diré que tus “buenos días” me dieran la vida o que tuviera más claro que eras “mi media naranja” que cualquier cosa en mi vida, porque durante este año me he dado cuenta de la toxicidad de esas palabras, de que la dependencia no es sana y de que quien tiene que completarme no eres tú sino yo misma.

Durante este tiempo, también he entendido que a veces no hay culpables en una historia de dos y que el amor, como la energía, ni se crea ni se destruye, simplemente se transforma.

No voy a mentirte, al principio creí que la mejor opción era olvidarlo todo, volver atrás, poner el contador a cero y empezar como amigos una vez más, pero es obvio que era la idea más estúpida que había tenido en mucho tiempo. No se pueden dejar atrás tantos recuerdos y menos si con ellos has ido conociendo cada vez más a la persona con quien los compartes.


domingo, 8 de mayo de 2016

Los guardianes del alma.

Hace no demasiado tiempo, se hallaba en mi interior un alma pura e intacta. Un alma que decidí regalar a una hada que por entonces, bajo mi punto de vista, era el ser más bondadoso y amable que se encontraba a mi alrededor. Decidí confiarle mi bien más preciado, aquello que algunos llamaban esencia y que otros, desde el escepticismo, decidían ignorar. Pero aquella preciosa hada, igual que vino, se fue. Y dejó mi alma partida en 7 trozos a causa de las palabras que escupía a su paso.
Me costó muchísimo volver a confiar en algo o en alguien y de hecho, a día de hoy sigo sin confiar en las hadas... Ahora los que custodian mi alma son guardianes, guardianes fuertes que se deshicieron del hada y su tropa cuando ésta vino arrastrándose a pedir perdón con el objetivo de destruir cada uno de los fragmentos que constituían mi ser.
Cada guardián custodia un fragmento de los siete que quedaron y el tamaño de este varía dependiendo de la confianza que yo haya depositado en el guardián.
El primer fragmento, el más pequeño, lo custodia un guardián al que fácilmente podría sustituir, alguien en quien confío pero que no tendría problema en dejar ir. En cambio, el séptimo trozo está entre las manos de mi guardián más preciado, un guardián tan peculiar que sus características se escapan al entendimiento humano pero, sobre todo, un guardián que tiene su propia historia.
Éste guardián, apareció en mi vida casi sin querer y en un abrir y cerrar de ojos consiguió que le entregara algo que no le había vuelto a confiar a nadie antes que al hada porque tenía muchísimo miedo de que ese fragmento, el más valioso, el más grande, el que contiene el latir de mi corazón, se resquebrajara y con el, toda mi vitalidad huyera en vano.
El guardián tenía una relación peculiar con el alma y un afán de protección casi irracional pero tenía un gran defecto o una gran virtud: Era un inconformista, no le bastaba con un fragmento de mi alma, él siempre quería más y como la mía ya estaba completamente protegida, iba en busca de almas perdidas dejando mi mayor tesoro al descubierto y partiéndolo en mil pedazos con su marcha.
El problema fue que al cabo del tiempo volvía, siempre volvía. Lo hacía con soplete en mano y a pesar de que las cicatrices eran visibles, reconstruía el fragmento con tanta facilidad que era prácticamente indoloro.
Pero un día, cuando mi alma no podía soportar un solo golpe más, el guardián vio un alma en pena vagando, pidiendo ayuda y una vez más se marchó causándole un dolor inhumano a todo mi ser y justo cuando creía que iba a volver, porque siempre volvía, mi alma se dio cuenta de que lo había perdido para siempre, se percató de que ahora su objetivo era sanar al alma apenada como un día lo estuvo ella misma y aceptó su porvenir.
La mayor sorpresa del alma fue despertar a mitad de la noche y descubrir que entre las sombras, estaba su guardián, que no la había abandonado sino que simplemente las condiciones habían cambiado. El alma era consciente de que la mayor parte de la atención del guardián estaba dirigida hacia su gran tesoro pero que de tanto en cuando, su preciado guardián volvía a echarle un vistazo para asegurarse de que no sufría ningún daño y se quedaba acurrucado a ella hasta el amanecer.
Desde entonces, ese es el fragmento de alma más feliz de mi ser porque con todas sus idas y venidas, sigue teniendo a su fiel guardián, de una forma o otra y es el único fragmento que no teme que un día el guardián se harte de protegerlo y se largue haciéndolo añicos.